Quizás mirando la tabla de cronometraje parezca que Fernando Alonso tiene razones para aplacar los ánimos de los aficionados y la prensa. El noveno puesto final parece un pobre balance, pero en la pista se vieron cosas que contradicen tanto pesimismo.
Renault no está tan lejos como el asturiano dijo el miércoles en rueda de prensa y podría estar aspirando a podios desde el principio, incluso desde Australia. Aunque el asturiano apostaba por llegar a la sexta o séptima plaza a lo sumo con el actual potencial de su Renault.
Echando un vistazo a los tiempos de la última jornada en Montmeló, existen datos sorprendentes a favor del R28. En una serie de 20 vueltas se ve el ritmo de carrera de cada monoplaza, lo que realmente cuenta al final, y Alonso no se despegó más de dos décimas del Ferrari de Massa casi a la misma hora de la mañana. Lo más llamativo es que era una o dos décimas mejor que el McLaren de Heikki Kovalainen y hasta cuatro mejor que el Williams de Rosberg.
Son esas sólo dos o tres décimas de diferencia que Fernando lleva pidiendo desde la presentación del coche en París el pasado 31 de enero. La desventaja máxima para poder llegar a Melbourne con posibilidades de podio reales. En Montmeló, siempre con la cautela de no saber las cargas de combustible, las sensaciones que dejó Renault fueron muy buenas. Igualdad con McLaren y con Ferrari, la situación soñada.

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